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Consumo de contenido digital

Somos lo que consumimos.

Cuando abres la nevera, ¿qué ves? ¿Crees que deberías mejorar tu dieta y hábitos alimenticios? A fin de cuentas, somos lo que comemos, o eso dicen. Lo que no es discutible es la afirmación de que nuestro cuerpo es un reflejo hacia los demás de nuestro estilo de vida. Pero, ¿qué pasa con lo que no se ve? Nuestra personalidad, dialéctica y habilidades sociales vienen determinadas por muchos factores (familia, amigos, educación…), pero también por nuestro consumo de contenido digital. Cuando enciendes la televisión/ordenador/tablet/móvil… ¿Qué ves?

Podría sugerir la misma pregunta que al comienzo de este texto. ¿Crees que deberías mejorar tus hábitos de consumo digital? Invito a la pura reflexión personal e individual de cada sujeto, donde me incluyo. Me gustaría remarcar, sin embargo, la clara diferencia entre el conglomerado de posibilidades que nos ofrece la tecnología con el contenido creado «ex profeso» para su consumo. Aquí hablamos de contenido, puro y duro, no del tiempo empleado en aplicaciones de chat ni fotografías con filtro.

El contenido audiovisual que consumes cada día es información que observas y absorbes, consciente e inconscientemente. De lo que aquí, conscientemente hablo, es del empleo de nuestro tiempo como espectadores pasivos de un evento (entiéndase cine/serie/programa de TV/Internet…). Y, si me permites volver a interrogarte, te pregunto: ¿Merece ese contenido tu tiempo? ¿Cuál es la razón de ese consumo? ¿Interés, conocimiento, pereza… O es que “no echan otra cosa”?

¿Qué te aporta tu contenido audiovisual?

Es posible que debiéramos crear entre todos una fórmula matemática universal que incluya las variables calidad y tiempo para determinar la validez y aprobación de un contenido audiovisual. El problema es que no podemos convertirnos en jueces y jurados que se dediquen a criticar los hábitos personales de este tipo de consumo. Las cadenas de televisión, plataformas de vídeo e Internet nos ofrecen un contenido que se suele adaptar a nuestros gustos, por lo que nuestra única opción si buscamos calidad, no consiste en crear una fórmula que cribe esos contenidos, sino cambiar nosotros desde dentro. 

Fragmento de la película Network (Sidney Lumet, 1976), donde uno de los personajes realiza un ilustrativo discurso sobre la televisión y la sociedad.

Puede sonar a utopía, y aquí aviso con antelación del florecimiento de la subjetividad de quien escribe, pero quizá con el tiempo asistamos a la desaparición o a la gran disminución del consumo de contenidos casposos, rancios y olvidables, y por ende a su creación. ¿Hablo de un imposible? Seguramente. Sin embargo, entre todos podemos conseguir un panorama audiovisual mucho más rico del que ya existe. Porque hay buenos contenidos, en todos los medios, pero puede haber más. Porque la “caja tonta” no es tan tonta como parece, y si no es más lista, es porque no quiere.

En resumen: polvo somos, y en polvo nos convertiremos, pero quizá podamos ser algo más que serrín por el camino, ya que al final, somos lo que consumimos. Por tanto, que cada uno haga su reflexión al respecto, y que vea lo que le dé la real gana.

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